Amentando la eficacia de la inseminación en granjas «maduras»

Publicado el 01/16 | por F.X. Mora | CONEJOS

Sin ninguna duda la inseminación aportó un manejo altamente racional de las instalaciones que permitió una organización en la granja muy diferente, cambiando el planteamiento diario de trabajo por un planteamiento semanal en principio y actualmente por ciclo de 42 días. Este cambio supuso un aumento de la eficacia productiva que cuando se acompañó de instalaciones diseñadas para tal efecto que duplicó la capacidad de hembras reproductoras por cunicultor en las instalaciones.

 Como siempre ocurre en los países mediterráneos, las instalaciones se adaptaron al manejo con inseminación de una forma poco ortodoxa, aprovechando locales, patios, jaulas prehistóricas, y con el añadido que en la década de los 90 las jaulas que se estaban promocionando, que no siempre por suerte fueron las vendidas, eran unas jaulas claustrofóbicas en las que el nidal tenía que colocarse perpendicular en las jaulas de tan estrechas que eran.

Mientras que en España las instalaciones no se rediseñaron de nuevo, en países como Francia o el norte de Italia sí lo hicieron con granjas que transformaron la visión de la cunicultura profesional. Hasta la llegada del nuevo siglo (XXI) en España no se empezaron a diseñarse estas nuevas instalaciones, y se hicieron sobre todo en zonas donde la cunicultura entraba con fuerza con nuevas instalaciones, dejando el arco mediterráneo con las estructuras ya amortizadas pero sin innovaciones importantes.

A menudo salen comentarios de que se automatizó el pienso o la recogida de excrementos, pero esto son menudeces, muy importantes, pero poco innovadoras.

 Una de las diferencias básicas que se aprecian es el diseño de trabajo. La banda única (o el modelo de múltiples bandas únicas) es muy mayoritario en granjas nuevas, hasta el punto que es difícil observar otro modelo de manejo en ellas, al contrario de granjas adaptadas, en las que reina una diversidad casi individualizable para cada instalación.

Esto comporta que no se pueda aprovechar generalmente la gran ventaja técnica de los recursos productivos, como pueden ser:

1. Flushing lumínico. Si una hembra reproductora está sometida a lo largo del ciclo a varios flushings lumínicos, estos bajan su eficacia. Para una buena eficacia y eficencia energética, el flushing lumínico debe ser único y cuando lo necesita, es decir, alrededor de la inseminación. Y en ese momento debe ser intenso y con la cantidad necesaria, uno de los problemas más frecuentes que nos encontramos. Frecuentemente encontramos los puntos de luz en los corredores y demasiado separados unos de otros o sin pantallas que proyecten la luz hacia los animales en las instalaciones viejas, debido principalmente a que la luz era continuada y que en la monta natural, si una hembra no se podía cubrir hoy se volvía a intentarlo mañana.

2. Flushing vitamínico o energético. Para un resultado óptimo se debe administrar únicamente en el momento concreto y a los animales adecuados. De lo contrario la eficacia vuelve a ser ligeramente inferior.

3. Interacción entre hembras. Las conejas reproductoras, del mismo modo que el resto de mamíferos, se comunican mediante feromonas que aportan información entre ellas. Si en una sala se encuentran reproductoras en gestación y reproductoras que han de ser inseminadas, las primeras pueden influenciar sobre el estado y la maduración de los ovarios, afectando a la fertilidad y prolificidad de las reproductoras, como siempre a la baja.

Estos y otros factores implican que a menudo hay una gran diferencia en el funcionamiento de la inseminación en estas granjas.

 La iluminación debe revisarse a fondo, y si es necesario renovarse y aumentar los puntos de luz, evitando rincones umbríos, oscuros o húmedos. Del mismo modo las jaulas deben ser cómodas para los animales, siendo este factor a menudo decisivo. Las jaulas de hace 30 años son absolutamente obsoletas, aunque estén impecables, y no permiten un manejo eficiente.

La banda única por nave se ha demostrado sobradamente que es una premisa básica de trabajo tanto para la eficiencia reproductiva como en la prevención de enfermedades, siempre y cuando se realice un vacío sanitario adecuado, lógicamente. De lo contrario estamos perdiendo la gran ventaja técnica que nos aporta la banda única.

No es necesario hacer una nave nueva y derruir la vieja para producir, pero sí tener claro que hay que modificar  y no siempre podremos aprovechar disposición actual. Un ejemplo de ello es a menudo el número de jaulas. Hace años se calculaba un 60% de jaulas para maternidad y un 40% para engorde. Esto ya ha cambiado radicalmente, siendo hace unos años del 50% para ambos y actualmente invirtiendo, siendo el 45% para maternidad y el 55% para cebadero las necesidades, que simplemente utilizando las jaulas de reposición o gestación de cada nave para ubicar estos animales excedentarios de la producción ya se soluciona el problema.

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