Intoxicación por antibioterapia en conejos

Publicado el 04/15 | por agrinews | Bioseguridad

Otro de los casos, sin ser muy frecuentes pero sí que en ocasiones se presentan, es la contaminación con ionóforos u otras sustancias de origen antimicrobiano en pienso o agua.

Hace unos años la contaminación con monensina, utilizada en otras especies ganaderas en el pienso, generaban al sumarse la salinomicina o tiamulina en el pienso mezclas explosivas que dejaban la granja absolutamente desmontadas.

El cuadro era muy evidente y reconocible para los técnicos, pero a nivel de granja aparecía como algo raro está ocurriendo a mis reproductoras.

  • Los animales presentaban síntomas de abatimiento, como borrachos, cayendo lateralmente y abundante secreción mucosa en la boca, totalmente insensibles a la manipulación y a lo que ocurría en la explotación.
  • En la necropsia se observaban hígados totalmente esteatósicos, aumentados de tamaño y de consistencia muy frágil.
  • Abandonamiento de camada y dejaban de comer y beber, aunque en los casos leves se observaban numerosas recidivas, ya que cuando el animal volvía a comer el cuadro reiniciaba rápidamente.

Otra de las intoxicaciones que se observan con más frecuencia es la mezcla de antibioterapia en el agua, usualmente porque el caño de salida del agua está por encima del fondo del depósito y queda un remanente de antibiótico que no acaba de salir nunca.

Son varias las moléculas que interfieren entre ellas y generalmente el proceso se agrava puesto que si las medicaciones son en un periodo corto de tiempo suelen ser destinadas contra el mismo proceso y ejercen un efecto de suma entre ellas.

Es el caso de la mezcla de tiamulinas, tilosinas, lincomicinas o tilmicosinas en el agua o de neomicinas, gentamicinas, estreptomicinas, apramicinas y espectinomicinas también en el agua.

A menudo las intoxicaciones ocurren cuando los tratamientos de emergencia vía agua no tienen en cuenta la antibioterapia presente en el pienso, juntando mezclas explosivas en un momento dado y que producen alteraciones que perduran durante unas semanas después de finalizar el tratamiento.

En estos casos la sintomatología suele diferenciarse en dos cuadros, uno más agresivo en forma de enterotoxemia muy oscura y de una olor muy fuerte, penetrante, de aparición explosiva en el animal y con un pronóstico fatal, mientras que en el otro aparece una disminución inmediata del consumo de agua, elevado nerviosismo, convulsiones y en algunos casos los mismos síntomas descritos en la intoxicación por monensina, seguramente por el fallo hepático que se produce en ambos casos.

En dos ocasiones he observado un error premeditado de administración de antibióticos en el que se suministró amoxicilina para consumo oral cuando se había recetado doxiciclina.

El cuadro es muy evidente de enterotoxemia iota sin embargo hay que resaltar que en uno de ellos tardó muchos días apareciendo justo al terminar el tratamiento, lo que da aviso de que hay que ir con mucho cuidado al no considerar un tratamiento como el causante a pesar de haber finalizado su aplicación.

La utilización de algunas moléculas en maternidad durante largos periodos de tiempo por motivos sanitarios específicos también pueden conllevar intoxicaciones más crónicas en este caso, y que suelen cursar con problemas reproductivos, como son disminución de fertilidades, nacidos vivos, aumento de mortalidad al parto, etc.

Suelen ser tratamientos largos a dosis medias-elevadas para limpiar una instalación de algún proceso como pueda ser estafilococia, generalmente efectivos pero que pueden acabar conllevando problemas productivos superiores al sanitario y que precisan de una renovación de reproductoras elevada. Por tanto en estos casos se recomienda un buen control de la maternidad y de sus resultados para avanzarse a la problemática.

 

 

 

 

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