¿Cuál es el mejor plan de vacunación frente a la mixomatosis?

Publicado el 02/15 | por agrinews | CONEJOS

¡Dime cómo tengo que vacunar para no ver jamás la mixomatosis!

¡Pues vaya pregunta!

¡Tiene otra pregunta!

Sí, efectivamente es así. La mixomatosis es una enfermedad muy insidiosa, con frecuentes reservorios indetectables en nuestra instalación y que además cursa con un ataque directo a las células defensivas del conejo, y encima el conejo es un animal que su sistema inmunológico no es un ejemplo precisamente.

Por tanto todo plan de trabajo vacunal debe contemplar aparte de las especificaciones de los laboratorios, un conocimiento de la instalación y su manejo donde se va a instaurar. Las modificaciones son infinitas y a menudo es necesario cambiarlas sobre la marcha.

No se debe entender que la mixomatosis es fruto de la dejadez, falta de profesionalidad o trabajo mal hecho de la misma forma que tampoco se debe disparar contra los fabricantes de las vacunas alegremente. Ni unos realizan a conciencia mal su trabajo ni los otros dividen los lotes en frascos buenos y malos. Es mucho más sencillo simplemente pensar que nos enfrentamos a un virus extremadamente agresivo y que ha demostrado una capacidad de mutación y adaptación extremadamente sorprendente, muy superior a los otros virus que generalmente conocemos.

Nos enfrentamos a un virus extremadamente agresivo y que ha demostrado una capacidad de mutación y adaptación extremadamente sorprendente, muy superior a los otros virus que generalmente conocemos

Sirva como ejemplo la situación de la enfermedad vírica hemorrágica, en la que tenemos brotes epidémicos de relevancia pero que luego al realizar planes vacunales relativamente sencillos se controlan de forma manifiesta (siempre hay ejemplos de lo contrario, pero son casos aislados).

El plan vacunal no solo debe contemplar el riesgo de enfermedad en la ubicación, sino el tipo de instalación. No es lo mismo trabajar en bandas únicas donde la carga de la higiene y limpieza en los vacíos sanitarios nos permiten una cierta relajación, que en sistemas aire libre de múltiples bandas donde la presencia continuada de partos crea continuamente situaciones de altos riesgos.

A nivel general debemos optar entre dos sistemas:

1 Vacunar en reposición de forma sistemática.

2 Vacunar en sábana todas las reproductoras y reposición de forma periódica.

En el primero nos basamos en la duración de la inmunidad vacunando a todas las futuras reproductoras y esperando que esta alcance hasta el final de su vida útil. Como la experiencia en determinadas granjas dice que no es así, es frecuente que se realicen una o dos veces al año recordatorios a las reproductoras de cierta edad en las que se sospecha que la inmunidad ya se encuentra en franca retirada.

En principio se realiza:

Primovacunación con vacuna heteróloga hacia los dos meses de vida, justo al separarlas de sus hermanos que van hacia su sacrificio. Es recomendable esperar una semana después para realizar la vacunación, una vez los animales ya se han habituado a sus nuevos compañeros de jaula.

Posteriormente a los dos meses de esta primovacunación se revacunan los animales con vacuna homóloga para su inmunización a largo plazo.

Este sistema tiene una gran efectividad ya que los animales reproductores que van entrando continuamente se encuentran en perfecto estado inmunitario y sólo -en teoría- es a partir del 6º parto empiezan a flaquear las defensas en los sistemas de crianza intensivos.

Hay vacunas que los laboratorios indican inmunidades superiores al año, pero con los ritmos productivos y los resultados  actuales hay que tener en cuenta que el desgaste inmunológico puede ser superior y es mejor estar siempre atento.

En el otro sistema se trabaja con un mayor control de periodos de inmunidad siendo necesario un control muy estricto sobre los animales en reposición. En él se vacunan de forma sistemática todos los animales en el mismo día, tanto en producción como futuras reproductoras. Si el periodo entre vacunaciones es muy dilatado, frecuentemente se realizan vacunaciones parciales en las futuras reproductoras.

Este sistema, aunque más esfuerzo requiere a final de año, es el que gana más adeptos en zonas de riesgo y con presencia de casos puntuales en las explotaciones ya que permite disminuir o aumentar los periodos entre vacunaciones dependiendo de las épocas de menor o mayor riesgo.

Concretamente yo recomiendo vacunaciones cada 4 meses en zonas o épocas de riesgo pudiendo alargar cada 6 meses o hasta 8 meses en épocas de menor incidencia.

Siempre hay que tener en cuenta, aunque sea obvio pero nadie se acuerda cuando ocurre, que si estamos en medio de un proceso digestivo, respiratorio, estafilocócico, estrés ambiental o cualquier causa que pueda debilitar los animales, la inmunidad obtenida puede ser baja o incluso inexistente. Por desgracia se observan demasiados ejemplos de estos casos y no siempre es fácil de explicarlos, acabando dando la culpa a quien sea sólo para no seguir dando vueltas sin llegar al final.

 

 

 

 

 

 

 

 

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