Adaptaciones físicas de termorregulación en conejos

Publicado el 11/13 | por agrinews | CONEJOS

La termorregulación es la capacidad que tiene el organismo de los animales para regular su temperatura. Gracias a esta capacidad, los conejos han logrado desarrollar una serie de adaptaciones físicas que los han hecho sobrevivir en climas diversos.

En el caso de los recién nacidos, los gazapos poseen una neutralidad térmica de 34-35ºC durante la primera semana. Durante la segunda, la temperatura pasa a los 32 y 33ºC. En invierno es algo menor, siendo la temperatura del centro del nido de 31ºC. Las bajas temperaturas son especialmente críticas para los gazapos recién nacidos de menos de una semana y potencian el síndrome respiratorio y digestivo. Para evitar el frío, los conejos tienden a colocarse juntos de forma natural y se acurrucan formando una bola, erizando el pelo y plegando las orejas sobre el dorso.

Tal y como señalamos en un artículo anterior, los mecanismos de control de la temperatura corporal en el conejo son:

Evaporación. Mediante la respiración se elimina temperatura corporal y el conejo responde aumentando la frecuencia respiratoria.

Convección. Los vasos sanguíneos de las orejas se dilatan y estas (las orejas) se separan ampliamente de forma que la superficie de contacto de la oreja con el ambiente circundante aumenta y permite la convección en el pabellón auricular, intercambiando la temperatura con el ambiente. Este sistema entra en colapso cuando el golpe de calor es muy intenso de una forma rápida si no hay velocidad de corriente de aire.

Radiación. Los animales se estiran y intentan poner en contacto la mayor parte posible del abdomen con el suelo, que es la zona con menor densidad de pelo.

 

Aunque para lograr una buena producción no deben estar sometidos a ningún clima extremo, el calor es, sin duda, lo que más afecta a estos animales. Los conejos adultos tienen poca capacidad para defenderse del calor, y es por ese motivo por el cual estos animales en libertad suelen buscar la sombra. Los conejos sufren una pérdida rápida de eficiencia de los mecanismos termorreguladores con altas temperaturas, especialmente por encima de los 30ºC.

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